Origen - Trayectoria - Hoy  
 

Síntesis sobre la historia de la hermandad de la Divina Pastora de las Almas

 

1. Origen de la hermandad

La Hermandad de la Divina Pastora, como tal corporación, se fundó en la Isla de León en el año 1782, en la capilla de la casería principal propiedad de don Domingo de Olea que estuvo situada en la actual calle Hernán Cortés, en torno a una imagen que en ella se veneraba, el 10 de abril de 1782, siendo aprobadas sus constituciones el 14 de mayo de ese mismo año por la autoridad eclesiástica.

La fundación sucedió en una época, fines del reinado de Carlos III, que en la Real Isla de León se caracterizó por el notable crecimiento demográfico y por el auge socioeconómico, motivados tanto por la formación del primer Ayuntamiento independiente en 1766, como, sobre todo, por el traslado del Departamento Marítimo desde Cádiz y el establecimiento de sus dependencias aquí a partir de 1769.

Ello supuso, entre otras cosas, una ampliación de las instalaciones del Arsenal de La Carraca, así como la concepción, diseño y demás preparativos conducentes a la construcción de la Población Naval de San Carlos. Lo cual también coadyuvó a que las zonas nordeste y noroeste de la Isla, las más cercanas a estas dependencias militares, fueran poblándose del mucho personal que trabajaba en ellas y adquiriendo su fisonomía actual, modelada por las edificaciones que se iban levantando sobre terrenos dados a censo por grandes propietarios urbanos. Precisamente, el citado Domingo de Olea, vizcaíno natural de Durango, vecino y del comercio de Cádiz, fue uno de los más importantes censualistas de la Isla de León.

La Iglesia gaditana se encontró de este modo con la necesidad de proporcionar asistencia espiritual a los numerosos fieles, principalmente operarios de las instalaciones militares, que habitaban los nuevos y populosos barrios que se iban formando en la Isla de León. Probablemente se estimó que la fundación de una hermandad era la mejor forma de encuadramiento espiritual y social para un nuevo barrio.

Sobre el origen de la primitiva imagen de la Divina Pastora hay, por ahora, dos versiones: según una, la donó fray Isidoro de Sevilla en 1736; según la otra, la escultura era propiedad del referido Domingo de Olea quien la tenía en el oratorio privado que existía en su casería isleña.

En efecto, el religioso capuchino fray Isidoro de Sevilla, creador en 1703 y propagador incansable de esta tierna advocación mariana, además de fundar la Hermandad de la Divina Pastora gaditana durante su estancia en el convento capuchino de Cádiz en la cuarta década del XVIII, predicó también por entonces en la Isla de León y donó una imagen de la Virgen que fue colocada en una casa de la localidad. Esta noticia fue publicada en el año 1949 por el historiador capuchino fray Juan de Ardales en los términos siguientes:

 
 

 
Fray Isidoro
 
 

"Hace mucho tiempo recogimos una tradición respetable, que asegura que el padre Isidoro, durante su estancia en Cádiz, no cesaba de hacer correrías apostólicas para propagar la devoción a su Pastora, y que en una, en la que más se prodigaba por su proximidad, era la de la Isla, hoy San Fernando, entonces pueblo humilde de trabajadores de la Carraca, a quienes, después de predicarles, les regaló una preciosa imagen de la Divina Pastora, la cual, por no haber iglesia, fue entronizada en un viejo caserón del barrio. Probablemente ocurría esto en el 1736".

En un intento de unir y ensamblar la tradición de la donación de fray Isidoro con las noticias sobre la imagen en la casería de Olea, se ha llegado a afirmar que la casa en la que fue colocada la imagen donada por el religioso capuchino era precisamente la del hacendado vasco y que, por lo tanto, la Divina Pastora se veneró en la capilla de esta casería desde 1736.

Lo único que podemos afirmar con certeza, por ahora, es que la imagen se encontraba ya en la capilla de Olea a principios de la década de 1780 y que esta efigie fue la que dio origen a la hermandad en 1782.

 
 
 

 
Patio Olea.
 
 

Por otra parte, hubo dos desencadenantes concretos que aceleraron la fundación de la hermandad: uno, la apertura al público del oratorio de Olea en 1780; otro, la predicación de fray Diego José de Cádiz en la Isla durante la Cuaresma de 1781.

En efecto, el comerciante vizcaíno fundó en 1780 dos capellanías, es decir, sujetó las rentas que producían dos de sus casas a la carga de sufragar con ellas los gastos de una serie de misas que se habían de celebrar "en la Capilla u Oratorio público de la expresada Casería de nuestra pertenencia, nombrada de Olea". Además, especificó que las misas de estas capellanías se celebraran los días de fiesta "para que los vezinos tengan el socorro de dichas misas".

Es decir, el oratorio pasó en 1780 de tener carácter privado a tenerlo semipúblico por disposición del mismo propietario. De este modo, facilitó el que las gentes del barrio, en su mayoría obreros del referido Arsenal de La Carraca, acudieran los días festivos al oratorio y comenzaran a tomar devoción a la imagen de la Divina Pastora que se veneraba presumiblemente en dicha capilla.

En cuanto a la estancia del hoy beato Diego José de Cádiz en la Isla en 1781 para predicar en la cuaresma, está perfectamente documentada gracias a testimonios documentales isleños coetáneos, a cartas escritas aquí por el propio fray Diego dirigidas principalmente a su director espiritual, y a referencias de historiadores posteriores, tanto locales como de la orden capuchina. Este venerable capuchino, fogoso e incansable propagador de la devoción a la Divina Pastora, llegó a la Isla el 24 de febrero de 1781, predicó durante la cuaresma en la Iglesia Mayor Parroquial, en el arsenal de La Carraca, y, según su costumbre, también predicó en lugares públicos como, parece ser, el propio atrio de esa iglesia y la plaza del Carmen. Permaneció en la Isla de León hasta principios de abril, tiempo suficiente para hacer nacer en muchas almas la devoción pastoreña. Es de suponer que este auténtico paladín de la Divina Pastora no desaprovechó la ocasión, y que con sus ardientes prédicas movió los espíritus de los fieles a fundar la Hermandad de la Divina Pastora, quizás en ese mismo año de 1781.

 
 
 

 
Beato Diego José de Cádiz
 
 

En cualquier caso, la hermandad ya estaba fundada en 1782. Lo demuestra, aparte del dato fundamental de la aprobación de sus constituciones en la fecha aludida, el hecho de que en ese año se registraran, por vez primera, noticias acerca de cultos celebrados en honor de la titular: de una "fiesta a la Pastora nuestra Señora" que tuvo lugar el 8 de septiembre de 1782, probablemente en la capilla de Olea, y por la cual la Hermandad pagó 16 reales vellón en concepto de derechos parroquiales. A partir del año 1784, la fiesta a la Divina Pastora se celebró siempre el 15 de agosto en la Isla de León.

Igualmente también comenzaron por entonces las referencias a que la Hermandad cumplía con una de las obligaciones que estipulaban sus constituciones: el hacer y costear funeral y entierro a sus cofrades difuntos. El primero del que tenemos noticia tuvo lugar el 5 de noviembre de ese año 1782 y el segundo fue el 5 de diciembre siguiente. Anteriormente, no hay alusiones de este tipo relativas a la cofradía de la Pastora. A partir del año 1783, hubo un aumento creciente de las menciones relativas a funerales y entierros realizados por la corporación isleña.

En resumen, los datos relativos a unas constituciones aprobadas en 1782 por el Obispado, a una primera función celebrada en honor de la Divina Pastora asimismo en 1782, y a un primer enterramiento en la iglesia parroquial con acompañamiento de la hermandad también en 1782, demuestran suficientemente que la Hermandad de la Divina Pastora de la Isla de León se fundó en ese año. Esto no es óbice para admitir la posibilidad de que la imagen sin Hermandad recibiera con anterioridad la veneración de los fieles, así como de que se tratara de la efigie que alrededor de 1736 donó fray Isidoro.

2. Síntesis de la trayectoria histórica de la hermandad

La flamante Hermandad de la Divina Pastora, gobernada en sus inicios por marinos de guerra, asentistas de la Armada y empleados del Arsenal, cobró vigorosísimo auge en pocos años. Pronto se vio en la necesidad de emprender la construcción de una nueva capilla que satisfaciera ese aumento de la devoción pastoreña y que estuviera más en consonancia con el crecimiento de la propia fraternidad. En palabras de Salvador Clavijo, esta hermandad "sería la que patrocinaría la idea de construir a la Divina Pastora un templo propio para redimirla de la empobrecida situación originaria". Sin embargo, esta magna empresa demuestra que la Hermandad de la Divina Pastora vivía entonces una etapa de florecimiento y que era lo suficientemente fuerte como para afrontar un reto de esa naturaleza. La idea de edificar la capilla cristalizó, como ya apuntamos anteriormente, en un barrio con tendencia a la expansión y en cuyo desarrollo urbanístico, social y religioso tendría tanta incidencia el nuevo templo.

A este fin, la hermandad obtuvo en propiedad unos terrenos del barrio de Olea a través de la donación que de ellos le hizo la familia Malpica Bermolen. La finca donada fue ampliada en 1831 por nueva cesión realizada por los herederos de Malpica. La arquitectura del templo se basó en los planos de la nueva parroquia del Arsenal de La Carraca, recién edificada por entonces, casi simultáneamente. Las obras se iniciaron en el verano de 1789 y en ella trabajó personal de la maestranza del referido Arsenal (carpinteros, herreros, tallistas y escultores) gratuita y desinteresadamente, según la tradición. No es de extrañar que la hermandad acabara siendo conocida popularmente como "la de los carraqueños".

 
 
 
Plano.
 
Iglesia de Ntra. Sra. del Rosario del Arsenal de La Carraca.
 
 

La nueva y actual capilla de la Divina Pastora fue inaugurada al culto en 1793. La hermandad no detuvo ahí su entusiasmo sino que, para que armonizara con la envergadura de la nueva capilla, mandó tallar una nueva imagen de la Divina Pastora (la actual, en estilo neoclásico o académico) que sustituyó a la primitiva del oratorio de Olea. Varias familias devotas donaron imágenes (Virgen de los Dolores, Jesús Nazareo de las Lágrimas, el Cristo crucificado del Buen Viaje), objetos artísticos (cuadros) y enseres litúrgicos (cálices) para la nueva iglesia.

Paulatinamente, el barrio, que hasta entonces había sido denominado con el apellido del citado hacendado vasco, comenzó a ser conocido como el de la Divina Pastora. En efecto, la devoción hacia la Divina Pastora venerada en su nueva iglesia debió de incidir de tal manera en las señas de identidad del antiguo barrio isleño denominado de Olea o del Castillo, que en poco tiempo éste perdió la vieja denominación y comenzó a ser conocido como "el de la Pastora".

Ya en un documento del año 1800, siete años después de abierto al culto el nuevo templo, aparece citado el "Barrio de la Pastora y Placilla". Tres años más tarde, en el cabildo municipal celebrado el 18 de mayo de 1803, se aprobó una distribución de la localidad en 21 barrios, entre ellos el "de la Divina Pastora". Todavía se conservaba y diferenciaba la denominación de "barrio de Olea". Pero a lo largo de la centuria decimonona el nombre de Olea irá cayendo en el olvido. La importancia urbana y vecinal de la iglesia de la Divina Pastora acabará imponiendo su nombre a toda la zona de la ciudad situada al este de la calle San Rafael y al norte de la calle Colón.

La vieja calle de Malpica era ya conocida a principios del XIX como "la de la Pastora". Y así continuará denominada durante un siglo y cuarto, hasta que el Ayuntamiento republicano decidió en 1932 rotularla como "Marconi". Las autoridades franquistas ya no recambiaron la nueva denominación tras la guerra civil, según acostumbraron con otras.

Durante el siglo XIX, la Hermandad sufrió dificultades que sofocaron el entusiasmo inicial y casi la abocaron a la extinción. Las desamortizaciones decimonónicas amenazaron la capilla propiedad de la corporación. La inconclusa iglesia de la Divina Pastora sufrió un inexorable proceso de deterioro y ruina a mediados del siglo XIX. Así lo constataron diversos informes técnicos municipales. El ruinoso templo estuvo a punto de ser demolido durante la revolución cantonal de 1873 por orden de las autoridades locales. Finalmente, a iniciativa de su celoso capellán, don Ramón Olivera, la vieja capilla fue reformada, reconstruida casi, y concluida por el arquitecto Adolfo del Castillo. La iglesia de la Divina Pastora fue consagrada definitivamente en 1878 por el obispo capuchino fray Félíx María de Arriete. En su calidad de bienhechor de esta iglesia, un retrato del obispo fray Félix estuvo colocado en el templo pastoreño durante más de setenta años, hasta las reformas de la década de 1960. Por lo que sabemos, fue esta la primera consagración formal del templo, ochenta años después de su construcción.

 
 
 

 
Obispo Arriete.
 
 

El aumento de la población isleña a fines del XIX también hizo necesaria la creación de coadjutorías diocesanas o iglesias filiales para la administración de sacramentos y la enseñanza de la doctrina cristiana. El obispo don Jaime Catalá (1879-1883), que por cierto luego sería Arzobispo de Barcelona, erigió en 1880 tres iglesias auxiliares más, elevando a este rango la recientemente remozada y consagrada de la Divina Pastora, la capilla del Santo Cristo de la Vera Cruz, y la excéntrica de la Inmaculada Concepción (Casería de Ossio).

Los últimos años del siglo XIX fueron muy difíciles para nuestra Hermandad. El Capellán, Padre Olivera, en 1879 hablaba de lo que le costaba a la Hermandad cumplir con sus obligaciones, así mismo, nuestro mayordomo D. Juan del Río aún pedía subvenciones de ayuda en 1895, pero no fue suficiente, así, en el año 1900, por una carta del capellán de la Divina Pastora, D. Felipe Carrasco, se da por extinguida nuestra Hermandad. Sin embargo, ese mismo año 1900 cerca de 80 hermanos la renuevan con nuevos bríos, redactando nuevos Estatutos basados en los anteriores de 1782 y a instancias del citado capellán Don Felipe Carrasco. El rey Alfonso XIII le concedió el título de Real en 1923 a petición del bilaureado General isleño y Hermano de honor de la hermandad, Don José Enrique Varela Iglesias. La corporación fue muy regular y constante en sus cultos durante el primer tercio del siglo XX: función al Buen Pastor en el segundo domingo de Pascua, novena a la Virgen en agosto, y salidas procesionales en el Corpus Christi y en su festividad de agosto. También se renovaron y adquirieron enseres: la venerada imagen estrenó en 1910 un manto bordado en oro para la procesión, que todavía conserva y que ha sido restaurado recientemente.

 
 
 

 
Portada Estatutos 1900.
 
 

Tras la República y la Guerra Civil, parecieron abrirse buenas perspectivas de futuro para la Hermandad, máxime cuando la imagen acabó siendo aureolada con la consideración de copatrona de la ciudad de hecho (pues nunca lo fue de derecho hasta el año 2004) y con el nombramiento pontificio de patrona del deporte. En la década de los años 1950 tuvo un último y efímero destello bajo el gobierno de juntas presididas por Rafael Matute y Francisco Escudier, plasmado en nuevas adquisiciones para el cortejo procesional y en las señaladas donaciones de enseres de las que fue objeto la venerada imagen. Pero, a pesar de varios intentos loables de capellanes, párrocos y devotos por reanimarla, finalmente la corporación entró en una fase de lasitud, aunque sin dejar de trabajar y organizar los cultos correspondientes a la Virgen, así como de ayudar a la parroquia y renovar, dentro de sus escasas posibilidades, sus enseres. El trasvase de dirigentes y hermanos a las nuevas cofradías de penitencia surgidas en la capilla durante la posguerra fue, creemos, determinante en esta situación de decadencia a finales de esta década.

 
 
 

 
Francisco Escudier.
 
 

En el entretanto, había sucedido un acontecimiento capital para la historia de esta advocación mariana en la ciudad de San Fernando: la erección de la Parroquia de la Divina Pastora. En efecto, el obispo don Tomás Gutiérrez (1943-1964) erigió en 1944 tres nuevas parroquias, precisamente las que en 1880 habían sido creadas iglesias auxiliares diocesanas: Divina Pastora, Santo Cristo, e Inmaculada (Casería). Sin embargo, el decreto episcopal no cristalizó de la misma manera en las tres. La de la Divina Pastora, aunque erigida de derecho en 1944, fue la última en materializarse de hecho, pues el decreto de erección se reservó para fecha oportuna la fijación de sus límites. Todavía durante diez años más, continuó dependiendo jurisdiccionalmente de la Iglesia Mayor Parroquial. La falta de fijación nítida de los límites territoriales de la parroquia con relación a los de sus vecinas fue una de las causas de esta dilación. Y hasta 1954 no se nombró un párroco propietario, que lo fue don José Arenas. Finalmente, un decreto episcopal de 1955 segregó la parroquia de la Divina Pastora de la de la Iglesia Mayor Parroquial, definiéndole y fijándole límites precisos y actuales, por lo que la que hasta la fecha capilla de la Divina Pastora pasó a denominarse como hoy la conocemos, como Parroquia de la Divina Pastora.

 
 
 

 
Obispo Tomás Gutiérrez.
 
 

La corporación experimentó en los años setenta una modesta pero persistente revitalización gracias a un entusiasta grupo de jóvenes: la Asociación Juventud Pastoreña ("Juven-Pas"). La renovación derivó, ya a partir de la década de los ochenta, en un sostenido y ascendente esplendor que vivificó esta antigua fraternidad isleña hasta hacer de ella en la actualidad una de las hermandades más sobresalientes de la ciudad.

Hasta aquí, todo lo redactado ha sido extraído del libro de nuestro hermano el historiador D. Fernando Mósig Pérez, "Historia, Patrimonio y Documentos de la Hermandad de la Divina Pastora de las Almas Coronada".

 
 
 
JuvenPas en la presidencia de la procesión.
 
Grupo que formó la JuvenPas.
 
 

3. La Hermandad, hoy.

La bicentenaria corporación ha pasado de un estado de semi-abandono y olvido a un período de madurez y esplendor, sin parangón con ninguna época anterior de su historia. La ilusionada renovación efectuada por la "Juven-Pas" derivó, ya a partir de la década de los años ochenta, en un insospechado, sostenido y ascendente período de esplendor que vivificó esta antigua advocación y hermandad isleña.

La Hermandad de la Divina Pastora fue revitalizada verdaderamente cuando se realizó la síntesis entre la vieja Hermandad y el importantísimo legado renovador heredado de la "Juven-Pas", y cuando le fueron aprobados en 1986 los nuevos estatutos por la autoridad eclesiástica, quedando derogados los ya venerables de 1900.

Desde mediados de los años ochenta, fue adquiriendo su actual identidad, conociendo una próspera y fulgurante etapa histórica sostenida y constante. El auge devocional hacia la Divina Pastora dentro y fuera de San Fernando, el notable aumento de la nómina de hermanos, la reorganización de las estructuras corporativas, el espectacular crecimiento de su patrimonio, el progresivo aumento de sus actividades de caridad, así como, en fin, el trabajo entusiasta de las sucesivas juntas de gobierno han hecho de ella en la actualidad una de las hermandades más dinámicas y populares de la ciudad.

Dentro de este importante movimiento de la Hermandad cabe destacar su completa integración tanto a nivel parroquial como en el entorno de las instituciones del barrio. A nivel parroquial, destaca la colaboración en todos los niveles: catequesis, cursos gratuitos a vecinos del barrio en el aula de informática que la Hermandad regaló a la Parroquia con motivo de la coronación canónica, continua dedicación al embellecimiento y la recuperación patrimonial de su templo, colaboración constante humana y económica con la cáritas parroquial...

 
 
 
 

 
 

Bendición primera piedra.

 
 

 

 

A nivel de barrio destacar su estrecha vinculación con las distintas asociaciones existentes, destacando la AA.VV La Pastora, así como las Asociaciones Mujeres isleñas y la Asociación de Mujeres pastoreñas, que tienen como "patrona" de sus respectivas entidades a la Divina Pastora y que colaboran constantemente con su Hermandad.

La etapa histórica actual llegó a su cenit en el tránsito de un siglo a otro, con tres magnos acontecimientos históricos, los más grandes para la Hermandad y para el culto local a la Divina Pastora desde su fundación dos siglos antes. Fueron los siguientes: la conmemoración del III centenario de la advocación (1703-2003), la coronación canónica de la imagen titular el 1 de noviembre de 2004 y el copatronazgo oficial de la misma sobre la ciudad de San Fernando en ese mismo año.

 
Encuentro de hermandades de la Pastora.
 

 
 
 
Momento tras la Coronación Canónica.
 

Efectivamente, la cúspide de este período histórico se alcanzó en 2004 con la coronación canónica de la imagen de la Divina Pastora, coincidiendo con el cincuentenario del nombramiento de la capilla pastoreña como parroquia. A este honor se le sumó el mismo año el reconocimiento oficial de su copatronazgo sobre la ciudad. Ambos hechos pueden calificarse, sin exageración, como el mayor acontecimiento ocurrido en la historia de la cofradía, junto con la construcción del templo entre los años 1789-1793.

Resaltar la constante vinculación que, como Patrona del deporte, siempre ha tenido la Hermanad pastoreña con diversas entidades tales como el C.D. San Fernando, la Unión Atlética de San Fernando, o las ofrendas a su titular de las selecciones absolutas de baloncesto masculina y femenina cuando estuvieron concentradas en nuestra ciudad, destacando últimamente el nombramiento de nuestra titular, la Divina Pastora, por parte del Ayuntamiento isleño, de madrina de los XIV Campeonatos Iberoamericanos de Atletismo, que se celebrarán en nuestra Ciudad en el año 2010.

Destacar en mayo de 2005 un acto de vinculación con el Arsenal de la Carraca recordando el origen histórico de esta Hermandad en los operarios de este Arsenal militar, quedando certificado en una placa que se descubrió a tal efecto en la Iglesia del Rosario de La Carraca, siendo Almirante D. José Enrique de Benito Dorronzoro. Este acto sirvió para retomar una relación que se quiere mantener y perpetuar.

 
 
Junto al Almirante del Arsenal de La Carraca en la Iglesia de Ntra. Sra. del Rosario.
 

 

En el año 2007, nuestra corporación cumplió doscientos veinticinco años de vida, más de dos siglos de intensa actividad al servicio de la Iglesia, primero desde su capilla fundacional y actualmente en la vida parroquial, encontrándose, según lo expuesto en este breve informe, en un momento álgido y ascendente no sólo a nivel parroquial, sino también a nivel de San Fernando y fuera de nuestra ciudad.

El 30 de agosto del pasado año 2008 tuvo lugar la firma de Carta de Hermandad entre nuestra corporación y el arsenal de La Carraca. En un acto emotivo que se realizó en nuestra parroquia, el Excmo. Sr. Almirante Jefe del arsenal de La Carraca, D. Juan Francisco Serón Martínez, y nuestro Hermano Mayor, D. Rafael Verdugo García, firmaron el documento que une para siempre con lazos fraternos a ambas entidades.